viernes, 23 de noviembre de 2007

1948: de Ishua a Lima, II parte

En las fiestas patronales del pueblo imperaba la formalidad porque cualquiera no podía ser "cargonte", ese cargo era un inmenso honor que se debía tomar con toda la seriedad del caso, las personas que asistían a dicha velada tampoco podían faltar a las normas y si no tenían un terno, al menos llevaban una chompa abierta o cerrada pero de color decente.


Como vuelvo a recalcar, los caballeros estan vestidos con terno, sombrero y zapatos de charol, muy elegantes por cierto, inclusive el violinista se encuentra en traje como para tocar en una sinfónica, las damas se han acercado todas juntas para observar los pasos de los negritos y en general se nota un ambiente de sano esparcimiento. Los mayordomos o cargontes de riguroso traje al igual que sus compadres y no como ahora que se presentan con un arete en el ombligo y una campanita de metal en la lengua.


Mirando detenidamente, observamos a una señorita con la típica falda de vuelo y las medias blancas de talle corto, de moda por aquellas épocas; asimismo, las damas reunidas pero apartadas convenientemente de los caballeros porque el recato así lo mandaba y porque en la discusión de machos no entraban a terciar las mujeres (...), no como ahora, que todos tienen a sus consortes cual cancerberos marcándoles el paso y repirando en su nuca...


Al fondo se observa a un militar con el uniforme de ese entonces, ser soldado equivalía a dejar el analfabetismo y la consiguiente formación técnica o subida de nivel social dentro del escalafón pueblerino, también observamos el peinado de los hombres, en esta ocasión con harta gomina para domar esas rebeldes crenchas que se levantaban a cada momento.

Fotos: Mauro Castro M.