martes, 4 de diciembre de 2007

Recuerdos de ayer y hoy


Vista de la plaza de Ishua en la década del 40, placita sencilla por donde se la mire, a la típica usanza andina, donde prima lo práctico sobre lo ornamental. Y sabe Dios, que otras características haya tenido décadas atrás, aunque por allí circula una foto en el cual se muestra a la plaza de armas cercada por pircas (otros memoriosos indican que dentro de ella se cultivaban rosas y otras flores).


La misma vista tomada hace 5 años, pónganse cómodos y comienzen a buscar las diferencias existentes; un pequeño vistazo nos hace pensar que actualmente hay más gente pero esto es un mero espejismo, por los años 40 había muchísimos más comuneros que poblaban en su totalidad Ishua al igual que muchos otros pueblos de Lucanas también; pocos muchachos usaban pantalones de bayeta, en su lugar era común el uso de un pequeño faldón denominado "wali" y como calzado usaban cuero de pescuezo de llama denominado "chajla", no hay que olvidar que por aquel entonces el automóvil (en este caso, camión) recién había llegado a Puquio, capital de los Rukanas y, esta ciudad todavía estaba lejana, a dos días de camino a través de punas agrestes y heladas, así que, el uso de las ojotas hechas de llantas de caucho se encontraba a muchos años de distancia aún..


Es gracioso escuchar a las personas mayores citar el concepto de modernidad en aquellos años, pongamos unos ejemplos: en la comunidad no se tenía idea alguna de los días ni las semanas, las épocas de siembra, cosecha y lluvias sabe Dios cómo lo sabrían (el Senamhi ni asomaba sus narices), por eso, algunos campesinos se sentían orgullosísimos cuando escuchaban hablar a sus hijos sobre los días para así llamarlos jueves o viernes, por decir; entre ellos (los viejos comuneros) comentaban lo instruidos que eran sus vástagos cuando podían determinar un día cualquiera como Lunes o Martes. "Mira, m'hijito ya sabes decir Jueves, caracho" . Este tipo de expresiones era para ellos educación o modernidad. O el caso de aquellos conscriptos que regresaban de los lejanos cuarteles y paseaban ufanos por la calle central de un pueblo porque ya sabían comer caramelos!!
Ay Señor, cosas tan sencillas como las citadas son las que dan color a la vida...