viernes, 8 de febrero de 2008

Aquellas fiestecitas... II

Ufff, este evento ya está exagerando un poco en cuanto a emociones y sentimientos, hace rato que ya se perdió la cordura y con el corazón a ritmo de taquicardia, los bandos rivales siguen animando y vivando a sus bailarines; otras personas, cautas y de edad avanzada, ya se fueron al bar a tomar su cervecita y de paso bajar un poco las revoluciones, ustedes saben, pasados los sesenta abriles, la fría pelona nos sigue de cerca y no es gracia darle mayores motivos para que nos jale de las patas...

El caballero de la foto parece pregonar: Señoras y señores, ladies and gentelman, aquí están los mejores, aquí se encuentran los triunfadores, este es mi orgullo y esta es mi pasión, por algo he gastado el 50% del capital de mi trabajo pero ¡que miércoles!, por algo se pasa una fiesta grande, sino me hubiera quedado metido en mi casita comiendo mi sémola; señores, nosotros somos los triunfadores, los favoritos del público presente, los elegidos de la Virgen, los Jaris, los muchachos de pelo en pecho y huevos de toro como diría Vargas Llosa, los ya no ya!


¿Qué cosa, carajo? ¿A los hombres? Si mis bailarines ya no dan, aquí está este pechito que no se rinde, wajras, jepo sikis; a bailar carajo o los agarro a latigazos, esto no se queda así ni termina aquí, hoy arde la Troya de Lucanas y solo muertos nos sacan antes que vencidos, ¡Ja caraya!, habráse visto tamaño atrevimiento, solo los mejores bailan para este bando y si por algún motivo quedan vencidos, mas tardecito me los capo a todos ...

El día languidece y la competencia hace rato que se salió de los cauces normales, es tanta la emoción contenida y desbordante el espíritu festivo que algunos hasta calatos quieren participar. Así son las fiestecitas que se dan en los pequeños pueblos del Perú profundo, señores, así de sencillas, las almas de los comuneros en sus fiestas. A veces, hay motivos para estar felices y si es en la fiesta de la Virgen de Cocharcas, con mucha mayor razón. Servido.