sábado, 13 de diciembre de 2008

Cabana Sur: Campiña serrana (IV)

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Está fuera de toda duda, el afirmar que la campiña ayacuchana nuestra paisajes muy coloridos y que invitan a la reflexión, lejos del mundanal ruido y la contaminación propia de las grandes ciudades. En la fotografía mostrada, si un visitante se anima a pasear la vista por encima de los tiernos cultivos en proceso de desarrollo, el simple hecho de hacerlo ayuda a relajar, no solamente el cuerpo, sino todo el espíritu.


Recorriendo los parajes a través de caminos llenos de una mixtura de piedrecillas y tierra fértil rumbo a las lagunas que señalan al cielo el lugar característico de ubicación de Cabana Sur, sino observen tal detalle instalando en sus respectivos equipos el software gratuito Google Earth.


La anterior fotografía mostraba la parte baja de Cabana Sur; ésta, en cambio, permite apreciar el entorno que rodea a las tierras situadas en las alturas de Ccahuana Pata, para visitar este lugar hay que estar bien guarecidos y abrigados por supuesto, porque la conjunción del viento helado del Ccarhuarazo y la lluvia que cae en cualquier momento, pueden ocasionar una neumonía que acaso puedan llevar a algunos visitantes a visitar a San Pedro (en el cielo se sobreentiende).


Rememorando las costumbres de antaño, cuando en cada salida a las chacras o cuando se iba a cuidar el ganado, de regreso, había que llevar leña que servía como elemento de combustión; ¿gas GLP?, eso aún no se conocía, papay. Como elemento iniciante de ignición se utilizaba a menudo la bosta seca del ganado ó una planta resinosa que crece en las alturas conocidas como taya.


Estampa de una estancia agreste que luce desolada en época de verano, cuando las lluvias se ausentan desde Mayo hasta Noviembre; todas las pampas y bofedales se cubren de tonalidades amarillas o de un color acre a causa de la falta de agua.


Parajes desolados que muestran la ausencia de forraje natural o pastizales en donde los animales puedan tranquilamente alimentarse bajo los efectos de un sol esplendoroso. La mayor parte de las tierras ayacuchanas son de tipo secano, es decir, solo se cultivan con la llegada de las lluvias.


Otra es la vista cuando llegan las lluvias que alimentan a las tierras ávidas de agua, entonces todo el valle cobra vida después de un prolongado letargo, se tiñen de verde las praderas y la naturaleza resurge en cada rincón, mientras los frutos esperan la llegada de esta estación para mostrarse en plenitud.

** Fotos: Rosi Neira Manuel