miércoles, 10 de junio de 2009

Danza de tijeras: Festividad de Orccosa (VI)


El danzak introduce y vuelve a sacar la espada de su cuerpo; su rival necesariamente debe demostrar que tiene otra rutina de mayor impacto, veamos lo que sucede ...


Y comienza a colocarse (a introducirse, es el término adecuado) las puntas de unas hoces en sus labios; curioso, un niño pasa de cerca para observar tal hecho.


El ayudante, atento a cualquier mal movimiento, observa que se realize la presentación en forma adecuada; hay que ver la cara de éste, transfigurada por la emoción (¿o preocupación?).


El peso del acero de las hojas de estas herramientas empieza a surtir efecto y provoca que el tejido muscular de los labios comienze a estirarse.


¡ Cuatro hoces colgando de sus labios ! - Y procede a dar la vuelta alrededor de la plaza, para mostrar a todos la veracidad de esta prueba.


Si las hoces de acero pesan - reflexiona este danzak' -, un niño de tres años pesará mucho más, y, perforando la piel de su antebrazo, se hace pasar una gruesa aguja colgando al niño de ésta. El inocente espectador, sin comprender la magnitud de la escena, observa extrañado el suceso.


La madre del pequeño - rauda como una centella -, va en búsqueda de su hijo, pues teme que la piel del danzak' se vaya a romper de un momento a otro.